La literatura española en el siglo XVIII Neoclasicismo resumen y tema

 

 

La literatura española en el siglo XVIII Neoclasicismo resumen y tema

 

 

LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII

  • NEOCLASICISMO-

 

  • CONTEXTO HISTÓRICO
  • LA  ILUSTRACIÓN
  • ETAPAS DE LA  LITERATURA DEL SIGLO XVIII
  • PRINCIPALES GÉNEROS Y AUTORES LITERARIOS
  • A MODO DE CONCLUSIÓN

 

LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII:                          - EL NEOCLASICISMO

CONTEXTO HISTÓRICO

   Durante los últimos decenios del siglo XVII y los primeros del siglo XVIII se produce en Europa un cambio importante en todos los órdenes. Los valores y conceptos que presidían la sociedad del Barroco entran en crisis. El cambio parte de intelectuales de Inglaterra y Francia, que ponen en tela de juicio los viejos valores de la sociedad y del saber tradicional.

   Es el Siglo de las Luces, llamado así por la confianza en la lucidez de la razón. El  movimiento cultural y de pensamiento característico de este siglo se conoce como la Ilustración y sus criterios estéticos se engloban bajo el nombre de Neoclasicismo.

   En España el siglo se inicia con una nueva dinastía, la casa de Borbón, que sucede a la casa de Austria. La ascensión al trono de Felipe V facilitó la entrada en nuestro país del pensamiento ilustrado. A través de Francia penetran en España las nuevas ideas racionalistas. Sin embargo, la evolución del pensamiento ilustrado en España fue sumamente lenta por la oposición de la nobleza, el Clero y el recelo del pueblo inculto y tradicionalista ante las cosas de fuera.

 

ILUSTRACIÓN

   La Ilustración es el movimiento representativo del siglo XVIII. Produce una profunda renovación en Europa y somete a una crítica racional de la visión del mundo, la filosofía, la cultura y las creencias religiosas aceptadas hasta el momento. Es un siglo de gran modernización en España y en toda Europa, no sólo por la creación de grandes instituciones culturales, la Enciclopedia, etc. sino también por una nueva conciencia europea que impone el reinado de la razón frente a la fe, fomenta el espíritu crítico, somete a discusión todas las creencias y convicciones (religiosas, políticas, científicas), se rechaza el concepto de autoridad y avanza, en general, el escepticismo religioso.

                                                            

En política, las consecuencias de todo este espíritu es el llamado Despotismo Ilustrado, en el que los gobiernos tutelan al pueblo procurando su felicidad para mejorar su vida, hacerle más culto. Se postula el progresismo y la fraternidad.

Todo ello culminó en la Revolución Francesa de 1789.

   Como reflejo de ese espíritu, se crearon numerosas instituciones culturales en España, muchas de ellas a imitación de Francia. Estas fueron las principales: Real Academia Española, Biblioteca Nacional, Real Academia de la Historia, Museo del Prado y Jardín Botánico.

 

ETAPAS DE LA LITERATURA DEL SIGLO XVIII

   La literatura del siglo XVIII no es muy brillante, y si la comparamos con la del siglo de Oro, la calidad es bastante baja. Es un siglo mediocre desde el punto de vista estético. Predomina la razón sobre los sentimientos, éstos no se expresan, importa más destacar en los poemas el avance de las ideas.

En las letras dieciochescas españolas podemos distinguir cuatro etapas:

  • La que perpetúa el Barroquismo o bien el estilo tradicional español.
  • La que intenta una renovación siguiendo los cauces del Neoclasicismo.
  • La que se orienta hacia la crítica racionalista y la investigación erudita: la Ilustración,
  • El Prerromanticismo, antesala del movimiento del siglo XIX.

 

PRIMERA ETAPA

   A partir de la muerte de Calderón, el Barroco entra en un periodo de decadencia, mantiene únicamente sus características formales más extensas. Un autor interesante fiel a los gustos barrocos es el salmantino: Diego de Torres Villarroel, imitador de Quevedo en vivaces cuadros costumbristas.

 

           SEGUNDA ETAPA

   Se produce una toma de contacto con el clasicismo francés (hasta 1750). Se critican los excesos irracionales de la época Barroca y su estilo.

   Para los neoclásicos, el arte pretende expresar la armonía entre la naturaleza y el hombre a través de la razón humana.

                                                          

Se establecerán reglas que el artista deberá obedecer. Puesto que hay obras perfectas, será conveniente imitarlas:

  las clásicas grecolatinas, las italianas del Renacimiento y las francesas del siglo XVII.

   De estas obras está proscrito el sentimiento. De tal forma que las obras, aunque bellas, serán frías. En esta época se distinguen dos escuelas literarias: la escuela madrileña (Fernández de Moratín) y la salmantina( Jovellanos y Cadalso).

              TERCERA ETAPA

   Es la etapa de la Ilustración. El ilustrado se siente portador de aspiraciones innovadoras incidiendo en los descubrimientos y en el progreso para la mejora individual y la felicidad pública. En la obra literaria se pretende la condena del vicio y la ignorancia mediante nuevos ideales. El género dominante es el ensayo, por  prestarse admirablemente a los propósitos de los ilustrados.

 

             CUARTA ETAPA

   Surge en la segunda mitad del siglo XVIII y es una reacción contra la estética neoclásica; anteponen los sentimientos a la razón. No aceptan las reglas fijas. Prefieren la naturaleza alborotada. Los prerrománticos son, en parte, los mismos autores neoclásicos, pero considerados por sus obras de madurez. En las obras prerrománticas de Cienfuegos y Quintana aparece una nueva visión de la naturaleza, nocturna y desatada, en libertad constante.

 

PRINCIPALES GÉNEROS Y AUTORES LITERARIOS

 

  • INTRODUCCIÓN

   El siglo XVIII fue un siglo fundamentalmente didáctico. Se dio preferencia a la prosa útil, puesta al servicio de la difusión de ideas. El ensayo fue el género más cultivado.

 

 

  • POESÍA

   Se tratan temas pastoriles, anacreónticos (exaltación de placeres) o filosóficos, con muy escaso compromiso sentimental. La lengua poética evita el colorido y el estilo es prosaico.

 

  • PRIMERA MITAD DE SIGLO

   La poesía es una derivación de la fórmula barroca. Destacar a Eugenio Gerardo Lobo con sus poemas burlescos, que buscan el chiste y el retruécano dentro de un humor de tipo intelectual.

  • SEGUNDA MITAD DE SIGLO

   Adscritos a la segunda tendencia: el Neoclasicismo. Tenemos a Nicolás Fernández de Moratín con sus delicadas anacreónticas;  A Cadalso, maestro de la dirección anacreóntica por su tono suave y su ritmo vivaz, recoge su producción lírica en Ocios de mi juventud, obra en la que se apunta ya el lirismo propio del Romanticismo, aunque también incluye composiciones morales y satíricas.

   El extremeño, Juan Meléndez Valdés, con su sentimiento de la naturaleza y exaltación del erotismo; o Jovellanos, el gran intelectual y político dieciochesco, el cual ve en la poesía un instrumento de reforma social. A través de ella se denuncia a la nobleza, se condena la guerra…

 

  • ÚLTIMA DÉCADA

   Aparece un progresivo aumento de elementos prerrománticos: Cienfuegos comenzó imitando a Valdés en su doble aspecto anacreóntico y filosófico, pero poco a poco fue dando a su estilo un tono apasionado y entusiasta: el túmulo, la íntima melancolía…

 

  • PROSA NARRATIVA

   El género narrativo en prosa apenas fue cultivado en el siglo XVIII. No existe en español novela propiamente dicha, sí cierta producción híbrida donde la forma novelesca se combina con otros géneros. Aparecen en este siglo memorias, discursos, diarios, libros de viajes, cartas, artículos periodísticos y ensayos.                                          

  • PRIMERA DÉCADA

   Tenemos a Diego de Torres Villarroel con su obra Visiones y visitas de don Francisco de Quevedo por la corte. Su estructura se basa en la aparición de Quevedo durante el sueño para marcharse de paseo por ¨Madrid. En el itinerario hacen todo tipo de comentarios sobre las diversas gentes que encuentran. Es una sátira caricaturesca.

   Francisco Isla, con la Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes. Hace de su personaje un producto del tipo de educación (siglo XVII) que ha recibido. Insiste en las dotes naturales que hubieran podido hacer de él un hombre más útil si su educación hubiera sido otra. Se retrata una vida religiosa sin virtudes religiosas.

 

  • SEGUNDA DÉCADA

   Se concede más interés al fin educativo:

José Cadalso con sus Cartas Marruecas, un famoso ensayo en forma de noventa cartas entre tres personajes: dos marroquíes: Gazel y Ben-Beley y un español: Nuño Núñez. Se proponen estas cartas un examen crítico de España y un análisis metódico de las causas de su decadencia y atraso.

 

  • ÚLTIMA DÉCADA

   El desconcertante prerromanticismo se desenvuelve también en su novela : Noches lúgubres, estructurada en forma de diálogo. Gira en torno a Tediato ( Tedium vitae) en su deseo de desenterrar a su amada muerta. Todo se imprime en un ambiente lúgubre (tumbas con hedor, cripta del templo, la noche), curioso precedente del romanticismo.

 

  • TEATRO.

   Se distinguían dos tipos de teatro en este siglo:

  • Primera mitad del siglo

Un teatro popular, mayoritario en cuanto a la afección del público. Predomina dividido entre la pervivencia del siglo de Oro y textos originales del siglo XVIII, basados en la espectacularidad Barroca en cuanto a caracteres externos. Dedicado a un público inculto como medio de evasión de sus problemas.

                                                       

Había diferentes subgéneros: comedia de magia, de santos, de figurón…

 

   El éxito de un espectáculo dependía de aspectos ajenos al teatro. En los entreactos se solían intercalar entremeses, sainetes y tonadillas. Se trata de un teatro de género menor, cuya principal figura creadora es Ramón de la Cruz, creador de más de cuatrocientos sainetes. Los sainetes son piezas breves que reflejan las costumbres del Madrid castizo de la época y que se solían escribir en un acto.

 

 

  • Segunda mitad del siglo

Un teatro neoclásico. A partir de los años 60, el teatro será considerado como un vehículo educativo de normas ejemplares de conducta. Se adopta las reglas de las tres unidades, se separa lo cómico de lo trágico. Existe una preferencia por los temas burgueses contemporáneos, se proscribe la imaginación y lo heroico. Destacan dos tipos de teatro neoclásico:

  • La comedia ( lacrimosa y de buenas costumbres)
  • La tragedia

 

  • LA COMEDIA
  • Buenas costumbres-

   Se tratan las costumbres nacionales. Los temas giran en torno al amor racional, no pasional ni sexual, o a las relaciones paterno-filiales y el tema de la educación de la mujer y su libertad para elegir marido.

   Destaca Leandro Fernández de Moratín, con su obra: El sí de las niñas.

 

  • Sentimental-

   Obra a caballo entre la comedia y la tragedia. Es un tipo de teatro que surge para llevar a las tablas problemas reales de esa burguesía en ascenso del último tercio del siglo XVIII.

 

   La obra más importante pertenece a Jovellanos: El delincuente honrado. Torcuato es el protagonista, hombre bueno y honrado enfrentado por la desgracia ante una muerte ( en duelo) que no puede imputársele. La tesis de la obra se alza contra la indistinción en la ley entre las culpabilidades del retadora y el retado en un duelo. Trata ideas sobre la ley y la justicia.

 

  • LA TRAGEDIA

   Los principales temas que predominaron fueron los de historia nacional sobre los grandes mitos de nuestro pasado. Hay que hacer mención especial a Vicente García de la Huerta, autor de tragedias neoclásicas como Raquel, que recoge los amores entre la judía toledana y el rey Alfonso VIII, a quien aparta de sus obligaciones como monarca, dominándole por el amor. Los nobles, amotinados, terminarán asesinándola a través de las manos de Rubén, otro consejero del rey, también judío.

 

  • FÁBULA

   La confluencia entre las ideas y la literatura, el didactismo y la crítica, aparece patente en un género secundario y muy característico de la época: la fábula, entre cuyos cultivadores encontramos a Félix María Samaniego y Tomás de Iriarte con su Burro flautista.

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

   La Ilustración es un puente entre el Barroco y el Romanticismo. Una evolución cultural de la literatura en todas sus formas.

   Caracterizado como un siglo mediocre, nos proporciona, sin embargo, nuevas formas y un nuevo modo de concebir la literatura. Su misión esencial es la difusión de la verdad, en detrimento de los sentimientos en poesía, de la imaginación en novela y en el teatro se fomenta la educación.

 

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LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII

 

1.- INTRODUCCIÓN.

 

            El siglo XVIII ofrece un interés histórico indudable; marca el límite entre el "antiguo régimen" y los comienzos del mundo contemporáneo. Supone, al mismo tiempo, una revisión de las ideas y valores sobre los que se había basado hasta entonces la cultura europea. Se  produce una revolución del pensamiento en occidente, un examen de los cimientos religiosos y políticos y un intento de renovación en todos los ámbitos. Es el llamado "siglo de las luces" en el que impera un gran movimiento intelectual y renovador que rige los destinos del siglo XVIII: La Ilustración.

2.- EL SIGLO DE LAS LUCES.

            El Siglo XVIII comienza con la hegemonía de Francia en Europa, y especialmente en España, donde un rey Borbón, Felipe V, se instala en el trono después de su victoria en las Guerra de Sucesión. Francia da una lección de madurez basada en el orden estético y en el orden moral. El clasicismo que había marcado el Siglo de Oro francés (el XVII) se mantiene en este siglo con el nombre de Neoclasicismo, basado en el dominio de la razón y el buen gusto, que siguiendo el principio clásico de in medio consistit virtus, busca el equilibrio y la armonía.

            A finales del siglo XVII, se produce la llamada "crisis de la conciencia europea", un movimiento intelectual revisionista de los principios que habían regido la vida hasta entonces. Las ideas de John Locke sobre la separación del poder legislativo del judicial, la religión de la moral, la Iglesia del Estado, son recibidas en Francia con entusiasmo, pues su monarquía e instituciones no satisfacían a los críticos más avanzados e impulsaron la secularización de la sociedad que se había iniciado en el Renacimiento, a la vez que se desarrolla un fuerte anticlericalismo.

En el terreno político, adoptaron el absolutismo como forma de gobierno, lo que se denominó "Despotismo ilustrado." Los monarcas eran los encargados de llevar a cabo las reformas para bien de la sociedad.

Se desarrolló una filosofía de la felicidad, pues el hombre debía buscar el bienestar en la tierra. La ignorancia era sinónimo de esclavitud, por eso el siglo XVIII fue fundamentalmente didáctico en busca de la libertad.

3.- LA ILUSTRACIÓN.

Recibe este nombre el movimiento político, filosófico y cultural que constituye la esencia del pensamiento europeo del siglo XVIII, basado en la sustitución de la tradición por la razón y los resultados de la experiencia, es decir, por el racionalismo y el empirismo.

El triunfo de la Ilustración va unido a dos nombres claves: Montesquieu y Voltaire.

Dos discípulos suyos, Diderot y D'Alambert, concibieron la Enciclopedia, que recopila todo el saber de la época desde los nuevos presupuestos ideológicos.

 

 

 

3.1 La ilustración en España.

España también participó de las inquietudes del occidente europeo durante este siglo y adoptó una actitud crítica ante el pasado, pero encontró muchos obstáculos y dificultades debido a su fuerte tradición cristiana. Lo específico de la Ilustración española es que hizo compatible la critica y la razón can la tradición cristiana.

Los ilustrados españoles del siglo XVIII constataron el atraso de España respecto a Europa en diferentes ámbitos. Mientras en las universidades españolas más prestigiosas se seguían impartiendo enseñanzas escolásticas, en otras europeas se explicaban otras llamadas "ciencias útiles" como Física, Química, Matemáticas, etc. Por otra parte, no hubo en España libertad de imprenta, por lo que todos los escritos debían pasar la doble censura gubernativa e inquisitorial, lo que obstaculizaba enormemente la difusión de las nuevas ideas. Además, los criterios del Concilio de Trento seguían prevaleciendo y el pensamiento científico no podía desarrollarse como en otros países europeos.

Esta situación fue el móvil para que, desde distintas iniciativas privadas se intentara llevar a cabo la idea común a todos los ilustrados: la voluntad de progreso que se concreta en el mismo deseo de educación para todos, superación de la decadencia del país y regeneración de España por la ciencia y el trabajo. Y así, se consiguieron algunas reformas en el ámbito político, económico y social.

Entre los ilustrados españoles hay que destacar a Feijoo, Jovellanos, Campomanes, Olavide y Moratín.

3.2. El despotismo ilustrado y el pensamiento liberal.

Los objetivos del despotismo ilustrado en el poder responden al principio de "todo para el pueblo, pero sin el pueblo". Proclaman un reformismo "desde arriba", que pretende el progreso de las naciones mediante la mejora de la educación y de las condiciones de vida y trabajo, desde una actitud paternalista que busca la expansión económica y la modernización del país.

No obstante, hubo a lo largo de todo el siglo una corriente ilustrada inspirada en el empirismo inglés y, posteriormente, en Maquiavelo y Montesquieu, que apoyada por políticos fuertes, representaron y defendieron incansablemente un pensamiento liberal democrático, caracterizado por la primacía de unos valores, como la libertad y el patriotismo como defensa de la libertad común y las instituciones o leyes que la garantizan. En España, este pensamiento político culminó con el espíritu de la Constitución de Cádiz.

La plenitud de la acción política ilustrada desde el poder corresponde al reinado de Carlos III, quien llevó a cabo grandes reformas en este siglo.

4.- LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII.

Los autores de esta etapa consideraban que la literatura debería hallarse al servicio de las transformaciones que impulsaba la ilustración en todas las esferas de la vida. De acuerdo con este pensamiento, los escritores tienden a escribir obras con un fin didáctico, dejando bien claros los principios que deben regir la conducta humana: el decoro, la virtud y la rectitud moral. En el estilo se impone la claridad, para que la obra pueda ser asimilada por un público numeroso. Los géneros que gozan de más prestigio en la época son la crítica, que denuncia e intenta corregir los males sociales; el ensayo y la literatura con un fin moral.

 

4.1. El ENSAYO

 

Benito Jerónimo Feijoo.

Profesor de la Universidad de Oviedo y uno de los grandes intelectuales del momento. Su propósito es servir a la verdad valiéndose de la razón, y emplea su genio y su ímpetu en aportar razonamiento y experiencia en contra de los errores y supersticiones y en defensa de la ciencia. Ha sido considerado como "padre de los ensayistas" y sobre todo, de los escritores del 98.

Sus obras más destacadas son Teatro crítico universal y Cartas eruditas y curiosas.

José Cadalso.

Su obra más importante es Cartas marruecas, en la que hace una crítica intencionada y satírica de España, pero desde un punto de vista comprensivo. Cadalso en esta obra se sirve del artificio del viajero (oriental o exótico, para acentuar el contraste con la realidad conocida) que, lejos de su patria, observa la realidad del país que visita y escribe en sus supuestas cartas a un amigo sus impresiones. Critica los errores políticos del pasado y cifra en la serie ininterrumpida de guerras que ha sufrido esta nación la causa de la soberbia de la nobleza y el poder del clero. Critica también la ignorancia y frivolidad de una parte de la juventud española, la decadencia de la ciencia, la desconsideración hacia los profesores, el desconocimiento de las "ciencias útiles", la desidia y la vagancia. Como buen ilustrado recomienda el amor a la verdad, al trabajo y a la virtud.

En Los eruditos a la violeta critica a los pseudoeruditos y pedantes.

Gaspar Melchor de Jovellanos.

Su obra en prosa trata temas muy diversos, como el Informe del libre ejercicio de las Artes, Sobre la necesidad de unir al estudio de la legislación el de nuestra historia y antigüedades, o el Informe sobre la ley Agraria o la Memoria de espectáculos y diversiones públicas. En todos ellos manifiesta, como ningún otro ilustrado, las aspiraciones, inquietudes y tendencias de la época. En la Memoria sobre la admisión de las señoras defiende la participación de la mujer en la vida social.

En 1809 presenta sus Bases para la formación de un plan general de instrucción pública, en donde resume el programa que había madurado durante varios años.

Jovellanos entendió la política como el medio para conseguir mejoras que transformaran la sociedad. Su estilo sobrio y elegante fue considerado como "el mejor tipo de prosa que nos ofrece el siglo XVIII".

Su Diario supone una manifestación de sus ideas y preocupaciones.


 

4.2. NOVELA

La novela es ahora un género en decadencia, ya que en él el elemento didáctico trata de suplir los valores imaginativos. Sus representantes más destacados fueron:

 

 

El padre Isla

El jesuita José Francisco de Isla en su obra más importante Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, pretende satirizar con humor irónico la verborrea sin sentido en que se había convertido la mala oratoria de la época.

Diego de Torres Villarroel

Su obra más conocida Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras de don Diego de Torres Villarroel, en la que reivindica la dignidad de su persona y su obra, demasiado asociadas a la magia, por su afición a vaticinar y su gusto por la astrología y todo género de ciencias ocultas. Su estilo es preciso y conceptual, de gran riqueza verbal y lleno de sonoridad y ritmo. Su actitud es burlona y pícara, muy cercana a la de Quevedo.

4.3. LA POESÍA

La poesía lírica de la primera mitad del siglo sigue las orientaciones del barroco y no se producen obras importantes. En la segunda mitad se impone la corriente neoclásica con las normas que imponen la razón y el buen gusto. La imaginación del poeta queda frenada por los criterios de corrección, equilibrio y afán didáctico.

Autores conocidos en otros géneros practicaron también la poesía pero bajo la doctrina del neoclasicismo, desarrollando temas de carácter didácticos, satíricos y anacreónticos.

Ignacio de Luzán

En su Poética resume la doctrina neoclásica y sirve para implantar esta doctrina en España.

Torres Villarroel

Cultiva la poesía satírica  en forma de sonetos, letrillas, seguidillas y romances siguiendo a Quevedo.

Los poetas madrileños

Se reunían en la Tertulia de la Fonda de San Sebastián en torno a Nicolás Fernández de Moratín (Cadalso, Iriarte) y gestaron el cultivo de la anacreóntica (cantos al amor, el vino, la juventud, la naturaleza…) y de la fábula.

Cadalso, en Ocios de mi juventud cultiva la anacreóntica y sirve de enlace entre la poesía del Siglo de Oro y la del siglo XVIII (poesía lírica, narrativa, satírica, didáctica, épico-burlesca, circunstancial, burlesca). Participó del prerromanticismo con Noches lúgubres, obra en tono triste y tétrico basada en su apasionado romance con la actriz María Ignacia Ibáñez, que murió prematuramente y a la que intentó desenterrar.

La escuela salmantina

Grupo de poetas ilustrados que buscan las fuentes poéticas de Fray Luis de León, encabezados por Meléndez Valdés e influidos por Cadalso.

 

 

Juan Meléndez Valdés escribe sonetos, letrillas y romances y se centra en el tema del amor y la naturaleza. Recibió influencias de Anacreonte y Horacio (amor por la naturaleza) y de las ideas filantrópicas y enciclopedistas de Rousseau (odio al fanatismo y amor al hombre).

Jovellanos cultiva los poemas anacreónticos, las sátiras y las epístolas con tema trascendente y estilo elevado. En su etapa final se contagia de la emoción y el subjetivismo romántico.

Manuel José Quintana, discípulo de Meléndez Valdés, y defensor de la ideología liberal, canta a la libertad (exalta a los comuneros; piensa que su derrota abrió la puerta al despotismo de los Austrias y de los Borbones, que no respetaron los fueros de las ciudades) y a los progresos de la ciencia.

La escuela sevillana

Sus autores toman como modelo a autores renacentistas como Herrera o Francisco de Rioja, y cultivan composiciones próximas a la escuela salmantina, pero con un lenguaje más retórico.

4.4. EL TEATRO

        Luzán inicia en su  Poética la reacción contra el teatro del Siglo de Oro, que  culminará con la prohibición de los autos sacramentales por Carlos III. Luzán defiende la razón y el buen gusto y la regla de las tres unidades. El cultivo del teatro neoclásico se inspirará en el francés: la tragedia de Corneille y Racine, y la comedia de Molière.

        La tragedia neoclásica

        Luzán considera que el objetivo de la tragedia es el escarmiento de los reyes y personajes principales. Defiende las tragedias ejemplarizantes de tema histórico que divulguen la ideología liberal.

        El teatro de Nicolás Fernández de Moratín no tuvo mucho éxito, ni sus tragedias (Guzmán el Bueno, Lucrecia) ni sus comedias (La Petimetra). Sus quintillas y romances fueron más populares.

        Vicente García de la Huerta escribió Raquel, tragedia en endecasílabos de tema tradicional (la leyenda toledana de la judía Raquel, amante de Alfonso VIII) con rasgos barrocos (fuerza dramática, lenguaje barroco, tres actos frente a los cinco clásicos).

        La comedia neoclásica

        Destaca Leandro Fernández de Moratín, autor de una comedia de carácter urbano, crítica e intelectual, deseosa de reformar ciertas costumbres. Su maestro fue Molière, y su intención moral, la defensa de la verdad y de la virtud. En sus obras denuncia la hipocresía burguesa, los matrimonios concertados por conveniencia ( El viejo y la niña, El sí de las niñas), la educación represiva (La mojigata) o la mediocridad literaria (La comedia nueva).

 

 

 

        El teatro tradicional

        Destaca Ramón de la Cruz y su gusto por lo popular y castizo, volcado en el sainete. Sus precedentes son los pasos de Lope de Rueda y los entremeses de Cervantes. Se trata de piezas breves que retratan el Madrid castizo de la época (La pradera de San Isidro, Manolo, El fandango del candil).

            Teatro prerromántico

            Esta corriente se inaugura con El delincuente honrado de Jovellanos, donde el autor vuelca su sensibilidad emotiva y sentimental. Un hombre se confiesa culpable de haber matado en duelo para salvar a un amigo; su padre, sin saberlo, lo condena a muerte, y se salva por un indulto real.

            4.5. LA FÁBULA

            Se recupera este género por su enseñanza moral. Félix María de Samaniego escribió Fábulas en verso castellano con moraleja práctica y Tomás de Iriarte, Fábulas literarias, en las que aludía, irónica o satíricamente a escritores conocidos. Ambos fueron influenciados por los fabulistas griegos, latinos y franceses y por las fábulas y apólogos medievales.

           

 

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